viernes, 26 de marzo de 2010

Fragilidad

Muchas veces en la inmensidad de un camino solitario me siento lleno de esperanza por tener un halo de aire puro con que pueda respirar. Un camino de flores, de hierbas, de un cielo limpio donde mirar.Pero no. Estoy en un camino gris y triste. mis pisadas van rápidas sin pausa con deseo de salir de un infierno. Me siento como si fuera un pequeño céntimo en manos de un rico que le ha tocado la lotería a las diez de la mañana. Sí. Estoy cansado de absorber tantos humos de la maldita combustión de los más que odiados automóviles de esta, y de cualquiera, ciudad. Pero ya no es solo ese gas, molesto desde su mínima cantidad, sino también la cantidad de gente con sus gritos, empujones, aspavientos, etc.
Ay!! ese camino, lleno de gente con olores fétidos y...sólo....sin compresión, sin un resquicio de humildad, con egoísmo intransigente e infantil que más que apoyar a una noble causa de respeto al prójimo no es más que la demostración de la influencia de una sociedad que ha abandonado la sencillez de vivir en armonía con su mundo. Maldita sea ese camino de hormigón, esa acera de hormigón, ese bloque de hormigón,...de hormigón.... y ¿me vas a arrancar un diente de león por que te estropea tu paisaje? me siento indefenso ante la ignorancia de la gente que me dice que hay más cosas importantes que pensar que una mirada al cielo para ver el brillo de una estrella. Creo que hay que hacer ver a la gente ignorante que la felicidad que uno siente es debido a la vida que surge cada instante a nuestro alrededor. Si convivimos con la cultura usándola para disfrutar en compañía mejor. La naturaleza es nuestra cultura y no debemos olvidarla.
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